Afuera llueve. La penúmbra invade la habitación húmeda y agrietada por el paso de los años. Un tono azul impregna todo y se respira la fuerza del tiempo. El viento hace estrellar gotas de lluvia contra la ventana blanca, la pintura mohída y resquebrajada deja traspasar la humedad. Frío ,soledad, trastos viejos y recuerdos que siguen vivos. En el interior de esa habitación yo, solo yo y un rostro cansado de soñar. Busco una vieja estola tejida con mimo de colores para abrigar la dureza de las horas, agradable tacto, sosiego y calor amable que cubre las heridas. Me siento en el viejo sofá, roto y apolillado. Delante una gran chimenea con cuatro troncos de madera que arden, el fuego baila al compás de los pensamientos. Su luz dibuja sombras en mi rostro. Recojo la vieja manta tejida a mano y me cubro con ella. Mi cuerpo se recoje y se empequeñece debajo, recogiendo todo el calor posible. Dejo mis ojos recorrer la nada.
Busco mi refugio sin encontrar el hogar adecuado, sin mentiras ni verdades, simplemente alma. Denostada mi piel, en la que recae el frio, dejo que palidezca. Busco entender. Pienso, fluyo…
Gente que da, gente que recibe, y en mitad de la nada solo el vacio consuela los párpados… La valentía es un hecho claramente confundible y el acertijo de las decisiones se vuelve contra uno mismo. Quizás me equivoqué, o tal vez fui simplemente corazón. Quien no arriesga no gana y las palabras se vuelven costumbre y pierden su sentido.
Dos caminos, un corazón, un recuerdo que quiero recuperar pero no sé si será lo mismo. El miedo a fracasar se agolpa en mi sien, el miedo a equivocarme me invade y solo sé que otro rechazo me rompería en dos. Él y yo sin un nosotros claro. ¿Quién retrocedió?, ¿Quién no fue valiente? Quién lucho y perdió y quien sería capaz de volver a perder…a luchar. Promesas firmes que nunca llegan, muchas palabras y consejos que ocultan lo que no se dice.
Me callo y escucho el fuego arder, la nada, una habitación vacía. El calor de una manta que no está compartida. Un hogar que habita en mí, sin inquilino fiel. El frío y yo, el calor del fuego y yo. La penumbra invade la habitación de mi alma, húmeda y agrietada por el paso de los años. Yo, él. Las gotas de lluvia se estrellan contra mis ojos. Afuera llueve...
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