Mi playa
(Arenal d'en Castell, Menorca. Foto Eva Cardona)
(30 de octubre de 2009)
He visto pasar mi vida como sentada en una playa. He visto cambiar a la playa en cada una de las estaciones del año. Noté su brisa suave y el viento frió del norte, noté el calor de la arena quemando mis pies, noté el gélido salitre por la madrugada. Noté el agua helada del invierno, la templada del verano. Noté sus rocas punzantes en mi pensamiento. Noté la tranquilidad del horizonte. Noté la orilla y su vaivén que me traía, me llevaba y me devolvía. Noté el murmullo del mar clavado en mi sien, noté el estruendo de la marea embravecida, y las gaviotas planeando sobre mi cabeza. Noté las olas, la arena, el sol, el mar y el horizonte y en cada uno te noté. Quise hacerme la dueña de tu compañía sin saber que siempre me acompañaste, que estabas a mi lado sentada en esa playa, y yo te ví invisible y creí que podría atraparte con mentiras. Y hoy vuelvo a sentarme en esa playa y ya no me conozco.
Ya no se que clase de persona soy yo. Quizás sea un compendio de muchas otras personas que han pasado por mi vida.
Existen personas nobles pero inflexibles, cuya verdad se quiebra cuando la realidad les transporta a otro puzzle al que no encajan.
Existen personas blandas y volátiles, su verdad no perdura y sus días están contados: Van a ser devorados o se pudrirán en el intento.
Existen personas que no existen, porqué pasarán por la obra de teatro como un decorado absurdo e innecesario, tal vez incluso molesto.
Existen personas imprescindibles, maldecidas por aquellos que, cansados de tanto necesitarlas, las echan de menos cuando su aura les abandona.
Personas imprescindibles como tú.
Eva Cardona.
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