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lunes, 3 de enero de 2011

Resucito



Foto Eva Cardona.

(24 de noviembre de 2009)

Resucito. 
Resucito en cada uno de mis días.

Hoy mi cuerpo inerte se ha doblegado. Un tiempo de espera, unos sueños que mueren. Pero siempre resucito, con una herida más, colateralmente más fuerte, con más valentía. Aprender de la vida no es fácil, pero peor es el vendarte tú misma los ojos para volver a caer en el mismo camino polvoriento y ajado de siempre, algo inevitable cuando la voluntad está mermada por una magia que no existe. No puedo ver tus ojos, porque ni tan siquiera soy libre para ver los míos. Una ceguera que hace ya demasiado tiempo que no trato, un querer pero, no puedo salir de la espiral que me transporta. Lo intento, pero no acabo de alcanzar a mis pensamientos.

Me hubiera gustado vivir en los tiempos en los que el Jazz y el Soul gobernaban la ciudad. Ritos de culto donde un piano se rendía a la filantropía del mobiliario, y sentir como Glenn Miller truncaba las almas un Octubre en Paris. Y salir a encontrar mis sueños, caminando entre miles de soñadores con sombrero y chaqué. Allí donde se reunían los tristes poetas de melodías, todavía se creía en la esperanza. Todos esperaban que les amanecieran con el sol de una trompeta desprotegida.

Ver las gotas caer a través del cristal y no salir a mojarse siempre fue un atroz atropello. Y no saltar en los charcos una estupidez. Mis pies mojados andaban siempre descalzos y el asfalto los tiñó con su blanca palidez. Y la lluvia más triste de un noviembre cualquiera me enseñó que la vida es gris solo unos días, que para volver a la luz de un faro solo hace falta fabricarse un barco y un mar.

Y así navego hoy en mi océano, sin patria, sin rumbo ni puerto donde recalar, pero mi océano se extiende impasible ante el creyente. Hoy mis sueños ya tienen donde naufragar. Como un juego enciendo mi mente, sin más contratiempo que el tiempo en sí. Ridículos juegos de un alma atravesada por las horas, andando segundos de libertad.

Lo peor de alguien herido es que sabe que puede resucitar. 
Resucito. Resucito en cada uno de mis días.


Eva Cardona.

Sueños escondidos


      Barcelona, Sagrada Familia. Foto Eva Cardona.

(17 de noviembre de 2009)


Y al final todas las palabras quedaron en un gesto escondidas, recogidas en una sola verdad. Una verdad particularmente anodina y difuminada entre los entresijos del pensamiento. Un acto reflejo desvelando el alma, avatares, impulsos camuflados por una realidad que no existe y todo acaba en una sonrisa que esconde lo innecessario, comprometida a las reglas sociales no escritas. Reglas que nadie impone, pero que con su invisibilidad gobiernan las reacciones de todos. Reglas aceptadas sin cuestiones, odiadas por los mismos que las acatan. Y al final, acabamos siendo víctimas y verdugos a la vez, de una forma de vida que no siempre hemos elegido. Dejamos de lado nuestros más volátiles anhelos, nuestros sueños más oxigenados, sueños que mueren a medio camino de lo etéreo y la esperanza. Acabas enterrándolos, oficiando el funeral de una parte de ti; pero hechas poca tierra sobre el ataúd, por si un día surge la oportunidad de ser resucitados. Por si algún día dejan de importarte esas reglas no escritas, y la gente deja de juzgarte como el loco que anda por encima de sus sueños, reuniendo el valor suficiente para preguntarte ¿ porqué no?

Y al fin y al cabo, todo se reduce a valor, en tener la entereza suficiente para arriesgar lo que has conseguido hasta el momento, para apostar todo lo que tienes por un destino dudoso, mientras los demás cruzan contigo miradas de condescendencia. Y hay frases de amigos que hieren sin saberlo, frases a las que correspondes con silencio, porque eres así, y procuras que tus palabras sean mejores que tus ausencias. Acabas deseando lo que nadie percibe. Las cosas que no contamos a los demás suelen ser por las que mas luchamos, las que más presentes están en nuestro mundo paralelo.

Mientras tanto obligas a tu voluntad a dictarte el camino que mas comodidad te proporciona, perdiendo entre senderos resquebrajado la esperanza de ser un yo auténtico. Vives tu vida como los demás creen que has de vivirla, renegándote al olvido, a la desidia de instantes no defendidos.

Nunca supe enfrentarme a mi verdad, pero nunca no significa ahora. Ahora mi verdad me espera. Yo solo quiero sentirla. Solo quiero encontrar lo que sueño. ¿Porqué no?

Eva Cardona