Foto Eva Cardona.
Resucito.
Resucito en cada uno de mis días.
Hoy mi cuerpo inerte se ha doblegado. Un tiempo de espera, unos sueños que mueren. Pero siempre resucito, con una herida más, colateralmente más fuerte, con más valentía. Aprender de la vida no es fácil, pero peor es el vendarte tú misma los ojos para volver a caer en el mismo camino polvoriento y ajado de siempre, algo inevitable cuando la voluntad está mermada por una magia que no existe. No puedo ver tus ojos, porque ni tan siquiera soy libre para ver los míos. Una ceguera que hace ya demasiado tiempo que no trato, un querer pero, no puedo salir de la espiral que me transporta. Lo intento, pero no acabo de alcanzar a mis pensamientos.
Me hubiera gustado vivir en los tiempos en los que el Jazz y el Soul gobernaban la ciudad. Ritos de culto donde un piano se rendía a la filantropía del mobiliario, y sentir como Glenn Miller truncaba las almas un Octubre en Paris. Y salir a encontrar mis sueños, caminando entre miles de soñadores con sombrero y chaqué. Allí donde se reunían los tristes poetas de melodías, todavía se creía en la esperanza. Todos esperaban que les amanecieran con el sol de una trompeta desprotegida.
Ver las gotas caer a través del cristal y no salir a mojarse siempre fue un atroz atropello. Y no saltar en los charcos una estupidez. Mis pies mojados andaban siempre descalzos y el asfalto los tiñó con su blanca palidez. Y la lluvia más triste de un noviembre cualquiera me enseñó que la vida es gris solo unos días, que para volver a la luz de un faro solo hace falta fabricarse un barco y un mar.
Y así navego hoy en mi océano, sin patria, sin rumbo ni puerto donde recalar, pero mi océano se extiende impasible ante el creyente. Hoy mis sueños ya tienen donde naufragar. Como un juego enciendo mi mente, sin más contratiempo que el tiempo en sí. Ridículos juegos de un alma atravesada por las horas, andando segundos de libertad.
Lo peor de alguien herido es que sabe que puede resucitar.
Resucito. Resucito en cada uno de mis días.
Eva Cardona.

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