domingo, 27 de julio de 2014

Adiós a un recuerdo...

Y ella guardó su silencio, lo guardó en una de esas cajas azules de galletas holandesas. Lo guardó ahí, y junto al silencio guardó también retales de su verdad y trozos de historia que solo ella sabía que había vivido. Todavía quedaba espacio para guardar lo que otros  le habían contado y un poquito de las cosas que había deducido observando la vida. Guardó todo en esa caja azul.

 Se sentó en el  borde de la cama desecha y se calzó con lentitud sus zapatos viejos. Se paró un momento a suspirar y miró con el rostro serio a la caja. Su mirada se perdía en los rincones más inhóspitos de su alma. Sus ojos  recorrían la caja de metal, pero solo veía sus propios pensamientos, que agotados, se perdían en el infinito.

El ruido de la calle le devolvió a su habitación. Cogió la caja y  la sostuvo bajo el brazo. Empezó a andar hasta llegar a su lugar.

Subió por las rocas que los líquenes teñían de amarillo y la humedad pintaba con tonos verdosos. Se sentó allí en un recoveco resguardado del viento, mirando a su playa, en soledad.

La caja azul estaba sobre piernas y sus manos, a cada lado, la acariciaban con mimo. No se atrevía a abrirla, antes debía prepararse.Y fue entonces cuando sus palabras, en voz alta,  retaron al mar:

Ayer, después de mucho tiempo, volví a recordar lo que se sentía al mirarte, pero esta vez no fue un recuerdo… Estabas frente a mí, mirando al infinito con esa expresión que refleja tus momentos de valor, de preocupación, de soñador nato... Pensé en besarte, pero en esta ocasión, el tira y afloja que siempre mantienen mi cabeza y me corazón se decantó del lado más frío…

Entonces dejé volar mi imaginación, y pude comprobar cómo me acercaba...., te acariciaba la mejilla con la nariz y te rozaba con mis dedos, y te besaba dulce y apasionada con uno de esos besos que te hacen ruborizar, de esos que me hacían agachar la mirada y sonrojarme cuando aún quedaba algo de inocencia dentro de mí…

 Decidida a dejarme guiar por el que considero el instinto privilegiado del ser humano, buscar el calor de la persona a la que se ama, me lancé creyendo que todas las cartas estaban en juego… Y como el osado pajarillo que abandona el nido demasiado joven… Clavaste la mirada en mis ojos… Y caí… Dejando volar un momento incomparable, y quizás una oportunidad irrepetible… No lo hice, no.

Voy a tener que olvidarte, definitivamente, en un instante, para no volverme loca, de este deseo que muerde y mi alma no contiene. Abriré las venas bañándolas con la sal de las lágrimas que pujan por ocuparse de mi mal. Enredaré mi memoria en mentiras, ocultándome a mi vista. No puedo continuar. Sin embargo, quizás de la mano del tiempo, saldrá la luz que alumbrará ese camino, rocoso y enhiesto, para liberarme totalmente de la tristeza que mata y seca. Rendida  me pregunto ¿porque sigo sintiendo cuando no quiero sentir? Miro al cielo reclamando.

Quiero soltar vela, aminorando mi carga, surcando sobre esa nube de polvo, hasta alcanzar mi alma que perdida entre la nada se ha quedado despistada.

Una mirada. Tan solo una mirada ha bastado.....tan solo un instante, fugaz como un ''te quiero'', impactante como un ''adiós''. Se cruzaron las miradas, ansiosas, anhelantes, perdidas, cansadas y doloridas de tanto correr y nunca llegar. Un sólo instante que lleva miles de te quieros sin respuesta, una resignación y una esperanza tatuada en el corazón, quiso asomarse a la pupila de mis ojos, para perderse en ti. Y escucho el susurro de una agonía, que cada día se pierde en mi razón.

Quise ser valiente y no llorar, quise ser de hierro y no sentir, quise perderme en el tiempo, en el espacio…. quise solo vivir dejando a un lado el dolor, la culpa y el deseo refugiándome en una mirada que ya ha dejado de existir.

Volverán a soplar los templados aires del otoño y volverán a caer las hojas de los árboles, incluso a nevar, se encontraron nuestros ojos y volvió el dolor a dormir sus sentimientos para luego despertar...

Despertaran en cada mirada
dormirán en cada suspiro
vivirán en cada recuerdo
y morirán en cada adiós.

Entonces abrió su lata azul de galletas donde guardaba todos sus silencios, sus verdades, sus destierros y sus retales de luz… y dejó que se los llevará el viento en ese último adiós.


 Eva Cradona

sábado, 22 de enero de 2011

Afuera llueve

Afuera llueve. La penúmbra invade la habitación húmeda y agrietada por el paso de los años. Un tono azul impregna todo y se respira  la fuerza del tiempo. El viento hace estrellar gotas de lluvia contra la ventana blanca, la pintura  mohída y resquebrajada deja  traspasar la humedad. Frío ,soledad, trastos viejos y recuerdos que siguen vivos. En el interior de esa habitación yo, solo yo  y  un rostro cansado de soñar. Busco una vieja estola tejida con mimo de colores para abrigar la dureza de las horas, agradable tacto, sosiego y calor amable que cubre las heridas.  Me siento en el viejo sofá, roto y apolillado. Delante una gran chimenea con cuatro troncos de madera  que arden, el fuego baila al compás de los pensamientos. Su luz  dibuja sombras en mi rostro. Recojo la vieja manta tejida a mano y me cubro con ella. Mi cuerpo se recoje y se empequeñece debajo, recogiendo todo el calor posible. Dejo mis ojos recorrer la nada.

Busco mi refugio sin encontrar el hogar adecuado, sin mentiras ni verdades, simplemente alma. Denostada mi piel, en la que  recae el frio, dejo que palidezca. Busco entender. Pienso, fluyo…

 Gente que da, gente que recibe, y en mitad de la nada solo el vacio consuela los párpados… La valentía es un hecho claramente confundible y el acertijo de las decisiones se vuelve contra uno mismo. Quizás me equivoqué, o tal vez fui simplemente corazón. Quien no arriesga no gana y las palabras se vuelven costumbre y pierden su sentido. 

Dos caminos, un corazón, un recuerdo que quiero recuperar pero no sé si será lo mismo. El miedo a fracasar se agolpa en mi sien, el miedo a equivocarme me invade y solo sé que otro rechazo me rompería en dos. Él y yo sin un nosotros claro. ¿Quién retrocedió?, ¿Quién no fue valiente? Quién lucho y perdió y quien sería capaz de volver a perder…a luchar. Promesas firmes que nunca llegan, muchas palabras y consejos que ocultan lo  que no se dice.

 Me callo y escucho el fuego arder, la nada, una habitación vacía. El calor de una manta que no está compartida. Un hogar que habita en mí, sin inquilino fiel. El frío y yo, el calor del fuego y yo. La penumbra invade la habitación  de mi alma, húmeda y agrietada por el paso de los años. Yo, él. Las gotas de lluvia se estrellan contra mis ojos. Afuera llueve...

lunes, 3 de enero de 2011

¿Crees?

(21 de diciembre de 2010)

Tú crees que no crees en nada que no puedas tocar, pero crees en la libertad a pesar de no poder hablar con ella , crees en la justicia aunque no puedas verla, crees en el reconocimiento a pesar de no poder ser envuelto en papel de regalo, crees en el dolor a pesar de no poder hacer una bola con el y arrojarlo lejos, crees en la suerte a pesar de no saber que forma tiene, en la oportunidad, en la alegría, en la honestidad, la democracia, en el perdón, crees que existen todas esas cosas ¿Entonces porque no ibas a creer en mi, yo que existo y estoy aquí?

Eva Cardona

A las cosas que de verdad importan en la vida



Foto Eva Cardona.

(15 de diciembre de 2009)
A las cosas que de verdad importan en la vida:

Hoy me siento extraña, no triste ni melancólica, siento una alegría extraña como si algo dentro de mí me dijera que la felicidad está ahí y hace días de eso.

Aquello que te hace sonreír mientras caminas rápida bajo el paraguas que cubre tu lluvia. Lágrimas de expansión de nuevas experiencias que te llenan, que más da, simplemente un mundo, que te llega , que te refuerza, gente que no te conoce en esencia, pero que son capaces de ver más allá de tus sueños. Palabras dichas en dos frases inconexas que esconden mucho. Quizás no signifiquen nada para ellos, para ti todo un universo. 

Es difícil describir una eternidad de sensaciones cuando no esperas nada y recibes mucho, cuando aturdida por el momento solo atinas a abrazar a la persona que sin saberlo a levantado tu espíritu, esperando que con tu gesto sepa averiguar la gratitud escondida tras él. Ahora; que estoy a solas; adivino mi momento. Si mi lucha tuvo sentido, sin duda fue por estas sensaciones. Porque a veces la vida te pone entre las cuerdas, pero dulces golpes certeros te atraviesan el alma hasta dejarte catatónica disimuladamente. Solo espero darme cuenta de ellos siempre.

Soy consciente de que no soy mucho, pero lo que soy lo soy con sinceridad. Mis palabras no son elocuentes ,ni poseo un yo carismático, pero reflexiono y tal vez; hoy más que nunca; veo la esperanza anidada en sencillas palabras, en sutiles lenguajes gestuales que corroboran la veracidad de las silabas encadenadas. Una nada para los demás un todo para ti. Y es en esos instantes , cuando aprendes que un buda con dos velas sirve de poco para aliviar tu alma, cuando una barra de incienso puede perfumar el ambiente pero no tu día , en ese instante es, cuando te das cuenta de las cosas que de verdad importan en la vida. 

Corazones de cristal calmando tempestades de un regreso inesperado. Exclamé en mis pensamientos que no merecía tanto, pero purifica oírlo. Egoísta quizá si, en el fondo todos lo somos, solo que esta vez di menos de lo que me otorgaron. 

Se han ido diluyendo mis verdades, contradicciones opuestas a la realidad. Seguramente me empeñé en distorsionarlas, mi mundo era un sueño irreal cargado de defectos aturdiendo las virtudes. La mente es difícil de gobernar cuando su voluntad es libre para alzar el vuelo, debilidad a lo mejor, o simplemente poca fe.

Mi mundo interior es más mundo que el que habito. La verdad es lo único que se merecen mis pensamientos, a pesar de esto, a pesar de ahora mismo, a pesar de mí. 

Porque nadie es responsable de hacer a otro feliz, pero vosotros os encargasteis de ello. Hoy debo mi fuerza, mi voluntad y hasta mis pensamientos a alguien que no conozco.

Fina lluvia en pleno diciembre. Alguien nos robó el otoño, pero mis alegrías permanecerán impasibles hasta encontrar mi verano.

Simplemente gracias!!

A Jacktürbo & Kravitz on the run, y en especial a Carles i Aïda.

Eva Cardona.

Resucito



Foto Eva Cardona.

(24 de noviembre de 2009)

Resucito. 
Resucito en cada uno de mis días.

Hoy mi cuerpo inerte se ha doblegado. Un tiempo de espera, unos sueños que mueren. Pero siempre resucito, con una herida más, colateralmente más fuerte, con más valentía. Aprender de la vida no es fácil, pero peor es el vendarte tú misma los ojos para volver a caer en el mismo camino polvoriento y ajado de siempre, algo inevitable cuando la voluntad está mermada por una magia que no existe. No puedo ver tus ojos, porque ni tan siquiera soy libre para ver los míos. Una ceguera que hace ya demasiado tiempo que no trato, un querer pero, no puedo salir de la espiral que me transporta. Lo intento, pero no acabo de alcanzar a mis pensamientos.

Me hubiera gustado vivir en los tiempos en los que el Jazz y el Soul gobernaban la ciudad. Ritos de culto donde un piano se rendía a la filantropía del mobiliario, y sentir como Glenn Miller truncaba las almas un Octubre en Paris. Y salir a encontrar mis sueños, caminando entre miles de soñadores con sombrero y chaqué. Allí donde se reunían los tristes poetas de melodías, todavía se creía en la esperanza. Todos esperaban que les amanecieran con el sol de una trompeta desprotegida.

Ver las gotas caer a través del cristal y no salir a mojarse siempre fue un atroz atropello. Y no saltar en los charcos una estupidez. Mis pies mojados andaban siempre descalzos y el asfalto los tiñó con su blanca palidez. Y la lluvia más triste de un noviembre cualquiera me enseñó que la vida es gris solo unos días, que para volver a la luz de un faro solo hace falta fabricarse un barco y un mar.

Y así navego hoy en mi océano, sin patria, sin rumbo ni puerto donde recalar, pero mi océano se extiende impasible ante el creyente. Hoy mis sueños ya tienen donde naufragar. Como un juego enciendo mi mente, sin más contratiempo que el tiempo en sí. Ridículos juegos de un alma atravesada por las horas, andando segundos de libertad.

Lo peor de alguien herido es que sabe que puede resucitar. 
Resucito. Resucito en cada uno de mis días.


Eva Cardona.

Sueños escondidos


      Barcelona, Sagrada Familia. Foto Eva Cardona.

(17 de noviembre de 2009)


Y al final todas las palabras quedaron en un gesto escondidas, recogidas en una sola verdad. Una verdad particularmente anodina y difuminada entre los entresijos del pensamiento. Un acto reflejo desvelando el alma, avatares, impulsos camuflados por una realidad que no existe y todo acaba en una sonrisa que esconde lo innecessario, comprometida a las reglas sociales no escritas. Reglas que nadie impone, pero que con su invisibilidad gobiernan las reacciones de todos. Reglas aceptadas sin cuestiones, odiadas por los mismos que las acatan. Y al final, acabamos siendo víctimas y verdugos a la vez, de una forma de vida que no siempre hemos elegido. Dejamos de lado nuestros más volátiles anhelos, nuestros sueños más oxigenados, sueños que mueren a medio camino de lo etéreo y la esperanza. Acabas enterrándolos, oficiando el funeral de una parte de ti; pero hechas poca tierra sobre el ataúd, por si un día surge la oportunidad de ser resucitados. Por si algún día dejan de importarte esas reglas no escritas, y la gente deja de juzgarte como el loco que anda por encima de sus sueños, reuniendo el valor suficiente para preguntarte ¿ porqué no?

Y al fin y al cabo, todo se reduce a valor, en tener la entereza suficiente para arriesgar lo que has conseguido hasta el momento, para apostar todo lo que tienes por un destino dudoso, mientras los demás cruzan contigo miradas de condescendencia. Y hay frases de amigos que hieren sin saberlo, frases a las que correspondes con silencio, porque eres así, y procuras que tus palabras sean mejores que tus ausencias. Acabas deseando lo que nadie percibe. Las cosas que no contamos a los demás suelen ser por las que mas luchamos, las que más presentes están en nuestro mundo paralelo.

Mientras tanto obligas a tu voluntad a dictarte el camino que mas comodidad te proporciona, perdiendo entre senderos resquebrajado la esperanza de ser un yo auténtico. Vives tu vida como los demás creen que has de vivirla, renegándote al olvido, a la desidia de instantes no defendidos.

Nunca supe enfrentarme a mi verdad, pero nunca no significa ahora. Ahora mi verdad me espera. Yo solo quiero sentirla. Solo quiero encontrar lo que sueño. ¿Porqué no?

Eva Cardona

Mi playa


(Arenal d'en Castell, Menorca. Foto Eva Cardona)


(30 de octubre de 2009)

He visto pasar mi vida como sentada en una playa. He visto cambiar a la playa en cada una de las estaciones del año. Noté su brisa suave y el viento frió del norte, noté el calor de la arena quemando mis pies, noté el gélido salitre por la madrugada. Noté el agua helada del invierno, la templada del verano. Noté sus rocas punzantes en mi pensamiento. Noté la tranquilidad del horizonte. Noté la orilla y su vaivén que me traía, me llevaba y me devolvía. Noté el murmullo del mar clavado en mi sien, noté el estruendo de la marea embravecida, y las gaviotas planeando sobre mi cabeza. Noté las olas, la arena, el sol, el mar y el horizonte y en cada uno te noté. Quise hacerme la dueña de tu compañía sin saber que siempre me acompañaste, que estabas a mi lado sentada en esa playa, y yo te ví invisible y creí que podría atraparte con mentiras. Y hoy vuelvo a sentarme en esa playa y ya no me conozco.

Ya no se que clase de persona soy yo. Quizás sea un compendio de muchas otras personas que han pasado por mi vida. 

Existen personas nobles pero inflexibles, cuya verdad se quiebra cuando la realidad les transporta a otro puzzle al que no encajan. 

Existen personas blandas y volátiles, su verdad no perdura y sus días están contados: Van a ser devorados o se pudrirán en el intento. 

Existen personas que no existen, porqué pasarán por la obra de teatro como un decorado absurdo e innecesario, tal vez incluso molesto. 

Existen personas imprescindibles, maldecidas por aquellos que, cansados de tanto necesitarlas, las echan de menos cuando su aura les abandona. 

Personas imprescindibles como tú.


Eva Cardona.